Recuerdo el día que mi papá, mi hermana mayor, mi mejor amiga y algunos familiares me acompañaron al aeropuerto para despedirme. Ese día me «mudaba» a Alemania. Llevaba unas maletotas, uff! Pero cómo empacar lo más importante sabiendo que no iba a volver? En fin, tenía un nudo en la garganta que no dejaba que me alegre por lo que venía (empezar mi vida estudiantil en un nuevo país) ni disfrutar de los últimos momentos con mi familia.

Finalmente me despedí de la familia (la lágrima ya había caido también) y me quedé conversando con mi mejor amiga. Ya me sentía mucho mejor. Estábamos en lo más profundo de nuestra conversación y en eso escucho que la vocecita del aeropuerto decía que era la última llamada para mi vuelo. Y yo: whaaat?? Entré en crisis!




No sabía que hacer. Hasta llegar a la puerta de embarque hay muchas colas que hacer. No podía creer que esto me estaba pasando otra vez (si te contara… he perdido varios vuelos, pobre mi familia 😟 ). Corrí y corrí y finalmente llegué al gate, lo había logrado, pensé. Pero la emoción me duró bien poquito. Ví como dos trabajadoras de la aerolinea cerraban las puertas de embarque.  No sabía ni siquiera qué sentir.

Salí del aeropuerto, fui directamente hacia un teléfono público y llamé a mi papá. Cuando lo llame se me quebró la voz. Solo pude decirle : Lo siento pa, perdí el vuelo. En ese momento me entró un poco de miedo porque sabía el esfuerzo que habían hecho mis papas para conseguir un pasaje desde Perú hacia Alemania. Lo único que él dijo con una voz calmada fue: “Esta bien hijita, te voy a recoger, no te preocupes”. Ahora que me pongo a pensar en todo esto, me alegro mucho haber perdido ese vuelo. Llegué a casa y ahora si a mucha conciencia disfrute de la compañía de mi familia dos días más. Los miraba con otros ojos. Como tratando de memorizar cada cosita que hacíamos juntos. No sé como hicieron pero consiguieron otro vuelo.

A los dos dias viajé finalmente. Y empecé una nueva vida! Esta vez no lloré. Sabía que habia tenido dos dias mas de regalo con mi familia y me concentré mucho en mi propósito. Mi plan era y es devolver a mis padres todo el esfuerzo y sacrificio que hicieron por mí con creces. Sé que no  estoy con mi familia siempre. Pero ahora, cada vez que los veo, disfruto el tiempo lo más que puedo. Trato de hacerlos felices. Y creo que de eso se trata la vida. Ser feliz en todo momento, bajo cualquier circunstancia.




Quizás estás pensando en emigrar o quizás ya estas viviendo fuera de tu país y sin tu familia. Se en carne propia que no es fácil. Pero si todos los días te concentras en el porqué estas ahi, en cuales son tus metas y cual es tu motivación, las cosas se harán más llevaderas. Y todo esfuerzo siempre tiene su recompensa. Siempre. Todo se puede lograr en esta vida. Si realmente te lo propones y empiezas a trabajar en aquello que quieres alcanzar de seguro que lo logras. !Pero empieza ya! «El secreto de avanzar es empezar!» (Mark Twain)